La
vida de estos hombres y estos pueblos gira en torno
a la pesca del atún con el arte de la Almadraba,
una práctica desconocida para la población
de tierra adentro.La
radio, potencia maravillosa e invisible, comunica
los barcos y las fábricas, mientras
los vigías
desde las atalayas observan las señales
de la Almadraba.
Los
atunes se reúnen en bandadas de miles, a finales
de abril, para verificar la “puesta” escogiendo
con preferencia el luminoso Golfo de Cádiz.
A su paso, su recelo e inocencia, les hacen entrar
en el cuadro o trampa, sin salida. Si el atún está reacio
o “majadero”,
como dicen los marinos, se le ataja con palos arrinconándole; entonces
se levantan como puertas las redes caídas en el fondo, los peces se encuentran
cercados por embarcaciones y por una red de mallas fuertes y espesas llamada “copo”.
Los barcos se acercan cada vez más mientras se levantan las redes y los
animales perecen, esta operación se llama “acopejar”
14.000
atunes entraron, de una sola vez, en una de las
almadrabas de Isla Cristina y la red del copo se
desgarró bajo un peso tan enorme.
Cámara
de la Muerte y Red Matador, son los nombres
siniestros con los que marinos y pescadores de las
almadrabas designan a esas redes fortísimas
en que se agitan los atunes agonizantes. Cuando hay
viento de Levante, los atunes no entran en ciertas
almadrabas. Pero si las condiciones climatológicas
son propicias, la fortuna acompaña a los marinos
y el capo –repleto de atunes- ofrece un espectáculo
sorprendente; el agua parece hervir.
La
Levantá produce magníficos
ejemplares, el “copo” es como un ruedo
acuático. La sangre torera de los marineros
gaditanos y levantinos les enardece y se lanzan al
agua con la bravura de espontáneos en una
plaza de toros, dando principio a la matanza.
Una levantá normal suministra 1500 atunes; en Barbate fueron
sacados hasta 7500 atunes de una sola vez.
La
Almadraba es el arte de pesca de más difícil
emplazamiento y de valor material más considerable;
costaba un millón y medio de pesetas en barcos
y aparejos.
Un
atún de 150 kilos tenía un valor de
unas 150 pesetas, en 1934.
Agradecimientos
a Conservas
de Cádiz Tradicion Milenaria, Tienda-Museo
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